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Muflón del Teide: de 11 ovejas a invasora ecológica

Descubre cómo 11 ovejas salvajes introdujidas en 1971 se convirtieron en una invasora ecológica del Parque Nacional del Teide. Impacto ambiental y soluciones.

Muflón del Teide: de 11 ovejas a invasora ecológica
Imagen: xataka.com. Uso informativo; los derechos pertenecen a su titular.

La introducción de una especie que cambió el ecosistema

El muflón del Teide representa uno de los casos más significativos de cómo una decisión administrativa hace décadas puede transformar irremediablemente un ecosistema insular. En 1971, el gobierno español, impulsado por cazadores locales, autorizó la liberación de esta especie en el Parque Nacional del Teide. Lo que comenzó con apenas 11 ejemplares—siete hembras y cuatro machos—se ha convertido en un problema ambiental de proporciones considerables que amenaza la biodiversidad endémica de Tenerife.

Las islas representan ecosistemas frágiles donde los recursos naturales y la biodiversidad funcionan de manera muy diferente al continente, con ciclos más limitados y menos redundancia ecológica. Así lo ha documentado la Asociación para la Conservación de la Biodiversidad Canaria, que ha dedicado años a estudiar el impacto del muflón del Teide en estas condiciones particulares de aislamiento geográfico.

De especie deseada a invasora ecológica

A finales de la década de 1960, la Federación Tinerfeña de Caza expresaba la falta de especies cinegéticas en el archipiélago canario. El Instituto para la Conservación de la Naturaleza, con poca experiencia en materia de gestión ambiental—un campo aún incipiente en aquella época—autorizó la introducción del muflón europeo (Ovis orientalis musimon), originario de Córcega y Cerdeña. Manuel Nogales, delegado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Canarias, ha explicado que en aquel contexto histórico no existía una comprensión clara sobre los riesgos de introducir especies alóctonas en entornos aislados.

Hoy, el muflón del Teide está clasificado oficialmente como especie invasora en el archipiélago. Su población ha experimentado un crecimiento exponencial: de aquellos 11 ejemplares iniciales se ha pasado a superar los 500 individuos, según estimaciones de expertos como Jaime Coello, director de la Fundación Telesforo Bravo. La presencia de estos animales se documenta a altitudes entre 1.400 y 3.100 metros, abarcando núcleos cercanos a zonas habitadas e incluso la Corona Forestal, donde no se esperaba su presencia hace apenas algunos años.

La amenaza a un patrimonio mundial

El Parque Nacional del Teide, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2007, abarca aproximadamente 19.000 hectáreas de superficie protegida. Este espacio alberga una biodiversidad única e irrepetible: contiene 12 plantas endémicas exclusivas de Tenerife que evolucionaron durante milenios en un ecosistema sin grandes herbívoros nativos. Como ha señalado la Universidad de La Laguna, la presencia de estos animales representa una amenaza sin precedentes para flora que se desarrolló bajo condiciones ecológicas completamente diferentes.

El muflón del Teide ejerce una presión destructiva sobre el equilibrio ambiental mediante el consumo selectivo de plántulas, el pisoteo de la vegetación autóctona y la alteración de las condiciones edáficas a través de sus deposiciones. Estos efectos erosivos generan problemas de derrumbamiento y degradación de caminos, especialmente críticos en zonas que ya han sufrido incendios forestales. La ausencia de depredadores naturales en la isla permite que la especie campe libremente sin limitaciones poblacionales naturales.

Una paradoja en los esfuerzos de erradicación

La erradicación del muflón del Teide presenta una paradoja inquietante: la especie fue introducida para satisfacer a cazadores y actualmente se controla principalmente mediante batidas cinegéticas, es decir, mediante la caza. En 2011, la administración declaró oficialmente al muflón como especie invasora que requería erradicación urgente. Sin embargo, a pesar de más de una década transcurrida, su población continúa aumentando.

Desde 2022, asociaciones ecologistas como ACBC y ATAN han establecido plazos máximos para lograr su eliminación total. Aun así, las cuotas de captura establecidas por el Gobierno de Canarias sugieren una gestión de control poblacional más que de erradicación efectiva. Para el año 2026, la cuota máxima se fijó en 236 ejemplares, representando un incremento del 26% respecto al año anterior. Según Jaime Coello, esta evolución refleja la ausencia de una verdadera voluntad política para eliminar completamente la especie.

Hacia un control basado en ciencia

Expertos y organizaciones ecologistas reclaman un cambio fundamental en la estrategia de gestión del muflón del Teide. Proponen que el control poblacional se base en estudios científicos rigurosos, con monitorización constante por parte de la administración y ejecución por personal especializado. Esta aproximación contrasta con el modelo actual, que permite actividades cinegéticas bajo regulación limitada.

El costo fiscal de mantener bajo control una población invasora crece año tras año. La inversión en control, vigilancia y restauración de hábitats afectados constituye una carga financiera evitable que podría haberse prevenido con decisiones más cautelosas décadas atrás. El caso del muflón del Teide ejemplifica cómo las consecuencias ambientales de decisiones administrativas cortoplacistas pueden persistir durante generaciones, comprometiendo la integridad de espacios protegidos de valor incalculable para la humanidad.

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